En febrero de 2026, el panorama tecnológico global giró su mirada hacia el Sur, India fue la sede del
AI Impact Summit, marcando un hito no solo por la magnitud del evento, sino por dónde se realizó, por primera vez, una de las mayores cumbres de Inteligencia Artificial se celebró fuera de los centros tradicionales de poder del Norte Global, en India. Este encuentro no fue una simple conferencia técnica, reunió a jefes de Estado, gigantes tecnológicos, investigadores y sociedad civil, e incluso abrió sus puertas a la ciudadanía india. El mensaje del gobierno anfitrión fue claro: la IA es una prioridad estratégica y la India busca consolidarse como un actor central en su desarrollo global.
Como representante de Diversa, tuve la oportunidad de participar y observar de cerca las narrativas que están moldeando el presente y el futuro de esta tecnología. Sin embargo, tras la gran magnitud de todo lo que sucedió, me surgió una pregunta inevitable: ¿Por qué la IA aún está movilizando hoy más recursos y agendas geopolíticas que cualquier otra tecnología en la historia?
La carrera por la infraestructura
Más allá de los discursos de cooperación, la realidad es de una competencia feroz. La IA no vive en la nube; vive en la infraestructura física. Los países y las bigtech hoy no solo compiten por algoritmos, sino por el control de:
* Centros de datos y capacidad de cómputo
* Chips, semiconductores y los minerales críticos para fabricarlos.
* Talento humano especializado y grandes volúmenes de datos.
Aquí es donde el Sur Global enfrenta su mayor desafío. Históricamente, nuestras regiones han participado en la economía global como proveedores de materia prima. En la era de la IA, el riesgo es seguir repetiendo el ciclo: convertirnos en proveedores de datos, energía y minerales, mientras consumimos tecnología diseñada y gobernada por otros. Esta dinámica se vuelve aún más evidente en la creciente competencia por la infraestructura física, donde se están anunciando compromisos de inversión que superan los $250,000 millones de dólares, por ejmplo:
*Sundar Pichai anunció la iniciativa
América-India Connect, con $15,000 millones para fibra óptica submarina y centros de datos que conecten el hemisferio sur.
*Adani Group, se comprometió a invertir
$100,000 millones hacia 2035 en
infraestructura digital movida por energía verde.
*Tata & OpenAI, firmaron una
alianza estratégica para
escalar centros de datos de 1 GW y capacitar a la juventud india en el uso de ChatGPT Enterprise.
El acuerdo Brasil–India
En este mismo contexto, el presidente de Brasil, Lula da Silva, y el primer ministro de India, Narendra Modi, firmaron un acuerdo
sobre minerales críticos y tierras raras. Brasil, que posee una de las mayores reservas de estos recursos a nivel global, se posiciona como proveedor clave para la industria de semiconductores y hardware de IA en India. El acuerdo busca diversificar las cadenas de suministro fuera de China, pero también pone en evidencia cómo la geopolítica de la IA está profundamente anclada en el control de recursos naturales.
En conjunto, estos anuncios no solo dan cuenta de una expansión acelerada de la infraestructura de IA, sino de una reorganización más profunda de las cadenas de valor globales. Lo que está en juego no es únicamente el desarrollo tecnológico, sino las condiciones materiales que lo sostienen y quién tiene control sobre ellas. Sin una lectura crítica, estas dinámicas corren el riesgo de consolidar nuevas formas de extractivismo, ahora mediadas por datos, energía e infraestructura digital.
Bienes comunesPero esta disputa no se limita a la infraestructura física. También se extiende a los datos y al conocimiento que alimentan estos sistemas. Si la primera capa de la competencia es material energía, chips, centros de datos, la segunda es más difusa pero igual de estratégica: quién produce, controla y se beneficia de los recursos digitales. En este contexto, uno de los anuncios más relevantes fue el lanzamiento del
Global AI Impact Commons, una plataforma orientada a compartir datasets en áreas como salud y agricultura. La iniciativa se presenta como un esfuerzo por hacer más accesible el acceso a datos, pero rápidamente abrió preguntas clave.
En los paneles de sociedad civil, organizaciones como Creative Commons insistieron en un punto fundamental: la apertura no es lo mismo que justicia. Que los datos o el código sean accesibles no garantiza que funcionen como bienes comunes, ni que las comunidades que los producen reciban beneficios, de hecho, uno de los debates más intensos giró en torno a esta confusión. Herramientas de código abierto como PyTorch o scikit-learn son la base del ecosistema actual, pero su carácter “abierto” no impide que sean incorporadas en modelos propietarios. Lo mismo ocurre con grandes repositorios de conocimiento colectivo, como Wikipedia o el software libre: el valor se produce de manera distribuida, pero se captura de forma concentrada.
Más que un problema de acceso, lo que está en juego es la ausencia de estructuras que sostengan lo común. Sin mecanismos claros, lo “abierto” puede convertirse fácilmente en una nueva forma de extracción.
Por eso, hablar de bienes comunes en la IA implica ir más allá de la disponibilidad y avanzar hacia una
gobernanza participativa, donde las comunidades tengan poder de decisión sobre el uso de sus datos y conocimientos y a la vez existan
mecanismos de reciprocidad, que aseguren que el valor generado regrese a quienes contribuyen, como propone el
Equitable AI Transition Playbook desarrollado junto a la OIT, por ejemplo.
La cumbre culminó con la adopción de la
New Delhi Declaration on AI Impact, presentada como un consenso histórico respaldado por 92 países y organizaciones, incluyendo actores clave como Estados Unidos, China, la Unión Europea y el Reino Unido. Junto a esta declaración, se anunciaron iniciativas complementarias orientadas a reducir las brechas en el acceso a la IA:
*Charter for the Democratic Diffusion of AI: firmada por 22 países, busca promover un acceso más equitativo a capacidad de cómputo y modelos, evitando su concentración en pocos actores.
*Alliance for Advancing Inclusion Through AI: en colaboración con UNICEF, plantea lineamientos para que el desarrollo de la IA no profundice desigualdades de género ni excluya a personas con discapacidad.
Sin embargo, más allá de su ambición, la declaración tiene límites claros. No es un instrumento vinculante, sino una hoja de ruta política sin mecanismos concretos de implementación o rendición de cuentas. Además, su proceso de construcción evidenció una ausencia preocupante: la participación de la sociedad civil fue limitada, lo que deja fuera voces clave en decisiones que afectan directamente nuestros contextos.
En este escenario, también quiero mencionar la ausencia de Ecuador entre los países firmantes. Mientras otros países de la región, como Costa Rica o Guatemala, optaron por sumarse a estos espacios en busca de cooperación y transferencia tecnológica, Ecuador no tuvo una participación visible, esto no solo refleja una desconexión con estos procesos multilaterales, sino que abre preguntas sobre la dirección que está tomando el país en materia de gobernanza de la IA, si se priorizan acuerdos cerrados y poco transparentes, o si existe una estrategia más amplia para posicionarse en debates globales donde hoy se están definiendo las reglas del juego.
Disputando las narrativas del Sur Global Más allá del despliegue institucional y corporativo en los salones principales del Summit, mi participación se centró en los espacios críticos donde se cuestiona el statu-quo del poder digital y se proponen alternativas para el Mundo Mayoritario.
Gobernanza desde el Sur: De la mitigación de riesgos a las bases estructurales
Fuí parte de la mesa redonda
AI Governance from the South: Redlines to Baselines, un evento paralelo clave organizado por IT for Change junto a socios del Global Digital Justice Forum (Tech Global Institute, Data Privacy Brasil, Derechos Digitales, Research ICT Africa, entre otros). En este espacio, el debate dio un giro necesario: dejamos de hablar únicamente de "mitigar daños" o identificar casos de uso perjudiciales para centrarnos en lo estructural. Discutimos la necesidad de establecer líneas base y trazar líneas rojas no negociables en toda la cadena de valor de la IA.
Esto implica:
Redefinir la economía política: No basta con regular la IA cuando ya está desplegada; la gobernanza debe intervenir en la innovación misma, la contratación pública y las leyes de competencia para evitar monopolios.
Centralidad del trabajo y el ambiente: La regulación laboral y la supervisión ecológica no pueden ser notas al pie. Son condiciones básicas para que cualquier sistema de IA sea compatible con los derechos humanos.
Pueden leer el acuerdo final
aquí.
Reimagining Public Value of Broadcasting in the AI Era: Tuve el honor de integrar este panel moderado por Alison Gillwald (Executive Director de Research ICT Africa), compartiendo escenario con líderes de Sudáfrica, India y otras regiones. En este foro, abordamos la intersección crítica entre datos, lenguajes locales y poder. Desde la perspectiva de América Latina, enfaticé que en la era de los grandes modelos de lenguaje (LLMs), nuestras comunidades están siendo tratadas simplemente como "minas de datos". Mi intervención se centró en la gobernanza comunitaria: es imperativo que los pueblos no sean solo proveedores de insumos para entrenar modelos extranjeros, sino actores con poder real de decisión sobre sus repositorios culturales, archivos históricos y lenguas nativas.
Pueden ver la sesión
aquí.
Multistakeholder Approaches to Participation in AI governance (MAP-AI: Fuí parte de este incre;ible side event, donde se busca fortalecer la participación efectiva de múltiples actores gobiernos, sociedad civil, sector privado y academia en los procesos de gobernanza de la inteligencia artificial, con especial énfasis en amplificar voces subrepresentadas del Sur Global. A través de espacios como el India AI Impact Summit, la iniciativa promueve modelos de participación más inclusivos, donde la sociedad civil no solo esté presente, sino que tenga influencia real en la toma de decisiones.
Este esfuerzo se conecta directamente con la propuesta de
ReGenAI: A New Deal for the AI Economy, un marco alternativo que propone:
Diversidad Económica: Reorientar la IA hacia modelos que fortalezcan las capacidades locales y no solo el beneficio de las Big Tech.
Valor Público y Reciprocidad: Garantizar que el valor económico y el conocimiento generado por la IA regresen de manera tangible a las comunidades que produjeron los datos originales.
Sostenibilidad Ecológica: Un compromiso real con la reducción de la huella de carbono y el impacto extractivo de la infraestructura tecnológica.
Conversaciones como estas demuestran que el Sur Global no solo está participando en el debate sobre la IA, somos un actor clave, estamos aquí
redefiniéndolo, exigiendo una arquitectura tecnológica que no reproduzca las jerarquías coloniales del pasado.
Pueden encontrar más información
aquí.
El AI Impact Summit dejó claro que la IA es la infraestructura estratégica del siglo XXI. Sin embargo, también evidenció las tensiones entre la apertura y la concentración del poder. Debemos seguir uniendo fuerzas para que podamos pensar el mundo en el que queremos habitar y cómo queremos que la IA sea, de lo contrario, la Inteligencia Artificial seguira siendo motor que acelere y profundice las desigualdades que ya conocemos.
Lista para el IA Summit en Ginebra el 2027 :)
Me llevo, sobre todo, a las personas increíbles que conocí en India. En momentos como este, las redes que tejemos importan más que nunca.